Coincidencias

Llegó a la ciudad siete meses después de que él ya se hubiera ido. Los días aún eran largos y el calor pegajoso se le quedaba en la piel hasta bien entrada la noche. Cuando llegó, buscó los lugares por los que aquella vez le había visto caminar, solo para darse cuenta de que todas las calles parecían ser la misma. Así, se creó la desagradable ilusión en su mente de que todas las calles le pertenecían a sus pasos y que a cada uno que ella diera en aquella ciudad le asaltaría su recuerdo. Por eso dejó de buscar los lugares y escarbar en el pasado. Pero entonces su subconsciente le hacía imaginárselo en cada transeúnte con ojos como los suyos o su mismo andar desgarbado hasta que tuvo la sensación de que la ciudad solo la poblaban él y ella. Por suerte, la rutina tiene la costumbre de hacerlo todo gris y, al cabo de un tiempo, las calles volvieron a no ser de nadie y los transeúntes a ser desconocidos. Poco a poco, el otoño dio paso al invierno y empezó a sentir la ciudad algo más cercana, aunque no propia. Todo así, hasta que un día se lo encontró en una calle cualquiera confundiéndolo con un transeúnte. Entonces ya no le cupo duda de que la ciudad sería siempre de él y su traslado allí era, si no el destino, una coincidencia muy estúpida.

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~ by anlena on March 30, 2011.

2 Responses to “Coincidencias”

  1. Un placer visitarte :)

  2. Gracias!

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